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Operar un pozo sin concesión: el error que puede costarle caro a tu empresa

Operar un pozo sin concesión no es solo un descuido administrativo, es un riesgo legal y financiero serio para cualquier empresa o desarrollo productivo. Muchas organizaciones perforan o utilizan pozos sin contar con el título correspondiente, ya sea por desconocimiento o por subestimar la regulación.

Fecha: 27/01/2026

Operar un pozo sin concesión no es solo un descuido administrativo, es un riesgo legal y financiero serio para cualquier empresa o desarrollo productivo. Muchas organizaciones perforan o utilizan pozos sin contar con el título correspondiente, ya sea por desconocimiento o por subestimar la regulación. Sin embargo, el uso de aguas nacionales en México está estrictamente regulado, y no cumplir con la normativa puede tener consecuencias graves.

Uno de los principales riesgos es la imposición de multas elevadas, que pueden escalar rápidamente dependiendo del volumen extraído y del tiempo de operación irregular. Además, la autoridad puede ordenar la clausura inmediata del pozo, lo que implica la suspensión total del suministro de agua. Para una empresa, esto puede traducirse en paros operativos, incumplimiento de contratos y pérdidas económicas difíciles de recuperar.

Otro punto crítico es que operar sin concesión deja al proyecto completamente vulnerable ante inspecciones. En estos casos, no hay margen de negociación ni forma de justificar el uso del agua. Incluso empresas con años de operación pueden enfrentar sanciones retroactivas, lo que convierte un problema legal en un impacto directo al flujo de efectivo y a la continuidad del negocio.

Regularizar un pozo no es un gasto, es una inversión en certeza y tranquilidad operativa. Contar con la concesión adecuada permite usar el recurso de forma legal, planear el crecimiento del proyecto y evitar riesgos innecesarios. En un contexto de mayor vigilancia y escasez hídrica, cumplir con la normativa ya no es opcional: es parte de una gestión responsable y estratégica del agua.

Operar un pozo sin concesión no es solo un descuido administrativo, es un riesgo legal y financiero serio para cualquier empresa o desarrollo productivo. Muchas organizaciones perforan o utilizan pozos sin contar con el título correspondiente, ya sea por desconocimiento o por subestimar la regulación. Sin embargo, el uso de aguas nacionales en México está estrictamente regulado, y no cumplir con la normativa puede tener consecuencias graves.

Uno de los principales riesgos es la imposición de multas elevadas, que pueden escalar rápidamente dependiendo del volumen extraído y del tiempo de operación irregular. Además, la autoridad puede ordenar la clausura inmediata del pozo, lo que implica la suspensión total del suministro de agua. Para una empresa, esto puede traducirse en paros operativos, incumplimiento de contratos y pérdidas económicas difíciles de recuperar.

Otro punto crítico es que operar sin concesión deja al proyecto completamente vulnerable ante inspecciones. En estos casos, no hay margen de negociación ni forma de justificar el uso del agua. Incluso empresas con años de operación pueden enfrentar sanciones retroactivas, lo que convierte un problema legal en un impacto directo al flujo de efectivo y a la continuidad del negocio.

Regularizar un pozo no es un gasto, es una inversión en certeza y tranquilidad operativa. Contar con la concesión adecuada permite usar el recurso de forma legal, planear el crecimiento del proyecto y evitar riesgos innecesarios. En un contexto de mayor vigilancia y escasez hídrica, cumplir con la normativa ya no es opcional: es parte de una gestión responsable y estratégica del agua.

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